lunes, 16 de febrero de 2009

Mi nombre es Ángela Olivares.


Pienso en la norestina de Clarice Lispector,
pienso en su fragilidad porque ella no tiene tiempo.
Porque a ella nadie le ha dicho que puede pensar en su fragilidad,
que puede tomarse el día libre, y pensar en su fragilidad.
Que el café puede tomarse con leche, y que las riendas son también para tomarlas.

Pienso en la norestina de Lispector, y después ya no pienso más.
El silencio de los gobiernos democráticos, el silencio de las dictaduras encubiertas.
El silencio de las no-hojas de los no-árboles en la no-noche.
Es verdaderamente aterrador.
Y me aterro.

Me gustaría que bastara con cortarme el pelo, con vendarme estas dos tetas, que sé que para muchos nunca fueron dos tetas... Si bastara con dejarme las barbas al viento...
Si bastara con ser el hombre que no soy...
Escribiría:
No soy fea, incluso soy hermosa.
Escribiría:
Black is beautiful.
Escribiría:
All roles are dangerous.

Pero desde esta negritud no se ve nada. No se oye nada.

Me han dicho que mi voz está bien. Que no es desagradable, que no molesta.
Pero de qué me sirve tener una voz si está acallada.
Si he de callarme.